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Asociación de Vecinos Manuel de Falla - La Laguna / Avda. Juan Carlos I s/n (esq. C/ Velázquez) - 11010 Cádiz - Tflno.: 956 200 146

 
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Cosas del barrio - Movidas juveniles

Las concentraciones juveniles empezaron en nuestro Barrio hace siete u ocho años. La iniciaron jóvenes en edades comprendidas entre los 14-16 años. En consecuencia la finalización de las mismas tenía lugar a horas relativamente temprana sobre las doce a una y media de la madrugada y por otra los envases vacíos que quedaban abandonados sobre las aceras, indicaban un consumo masivo de refrescos de cola, cervezas, pero muy poco alcohol de alta graduación.

No se daban circunstancias violentas o vandálicas, aunque sí utilizaban los lugares próximos para vaciar sus respectivas vejigas del líquido ingerido. Se produjeron las lógicas protestas de los vecinos, pero el hecho de que solo tuvieran lugar los fines de semanas, especialmente los sábados, determinaba una permisividad malhumorada por parte del vecino, pero sin mayor trascendencia.
Como Asociación fuimos receptores de algunas protestas aisladas, pero no consideramos en aquel momento el problema tan importante, pensando tal vez muy cómodamente, que por ser “movida”, se desplazarían a otro lugar. Especialmente pensando en el amplio espacio que la aportación de arena, había producido en nuestra playa.

En años posteriores y hasta 1.992, las circunstancias fueron más o menos parecidas a las descritas, aunque se empezaban a detectar ciertos conatos de violencia, que en ocasiones se unían con las actuaciones de grupos de jóvenes aficionados al fútbol, que aprovechaban aquellos conflictivos partidos de promoción o descenso de nuestro equipo titular durante esa larga agonía que al final le catapultó a segunda división,- para cometer actos vandálicos ,- quema de contenedores, ocupación de la vía pública con esos recipientes, destrozos en vehículos estacionados, llenado de ascensores con bolsas de basuras y un largo etcétera, - con la consiguiente protesta indignada de los vecinos, que a veces tenían dificultades para acceder a su vivienda, y una creciente sensación de temor e indefensión ante una situación que de manera alarmante se presentaba conflictiva, de difícil solución y que sin duda iba increscendo.

Ese año 92, se llegó a una situación límite, que nos hizo intervenir con toda energía, a la vista de las protestas de vecinos que llegaban a nuestra Asociación, con tal grado de desesperación, que en algunos casos se podía temer una actuación incontrolada bajo los efectos de la indignación contenida y el profundo malestar que aquellas actuaciones generaban. No olvidemos que se trataba de entre tres y cuatro meses al año, en verano donde hay que mantener las ventanas abiertas, y todos los días de la semana, con especial virulencia en las noches y madrugadas de viernes y sábados.

En el año a que nos estamos refiriendo, hubo una actuación de la policía Local a requerimiento de la Asociación, para tratar de controlar lo que ante nuestra pasividad como ciudadanos y la de aquellas Instituciones que tienen el deber de realizarlo, había superado con creces todo lo admisible.

Finalmente el año 1.993, ante nuestra insistente demanda de soluciones y presentación de propuestas y principalmente ante los problemas surgidos en los primeros fines de semana del verano, los cuales quedaron fielmente reflejados en los informes de la Policía Local y que hacían vislumbrar una temporada explosiva, se tomaron una serie de medidas, entre ellas el bando municipal que limitaba el horario de expedición de bebidas alcohólicas, para cualquier edad. Les ahorramos oír la relación de actos de vandalismo que se estaban produciendo, creemos que los medios de comunicación lo relataron ampliamente.

Por nuestra parte y ante la presión vecinal, organizamos primero una Asamblea donde palpar la profundidad del malestar y la disposición a presentar un frente unido contra aquella barbarie y más tarde una manifestación, dando testimonio de nuestra inquietud, preocupación y malestar. A partir de ahí se dictó el bando municipal mencionado y se hicieron ejecutivas sanciones por incumplimiento de lo establecido. Los resultados fueron muy positivos y redujeron la magnitud del problema a niveles aceptables, considerando que tenemos nuestros propios jóvenes y que como padres les permitimos su estancia en la calle hasta altas horas de la madrugada. En la actualidad no podemos decir lo mismo, pues nos tememos por los síntomas detectados en este principio de vacaciones juveniles, que pudiera ser un año conflictivo.

Estos son los hechos. Nuestra Asociación no podía quedarse ahí, era necesario conocer las causas para tratar de obtener soluciones adecuadas a la génesis del problema. es decir entramos en la dinámica de conocer las causas que producían tales efectos. Sin duda todo quedaba focalizado alrededor del consumo de alcohol. Profundizando pues en el tema y con la información recibida de distintas Instituciones, en las cuales se está analizando con rigor estas pautas de comportamientos, llegamos a las conclusiones siguientes:
La cultura del alcohol: La problemática del consumo del alcohol entre los jóvenes trasciende con mucho el estricto ámbito de la salud. Se inscribe en el más amplio de la debilitación del vínculo social. Si bien puede ser considerado un problema específico, es antes que eso, el síntoma de una situación general social, que encuentra en los jóvenes el campo abonado para su manifestación más extrema.

Hay un aspecto particular vinculado a la edad, pues nos referimos a un período de la vida del individuo/a, en el que no se ha producido plenamente la estabilización de la identidad individual de los roles sociales, sexuales, etc.

En el modo en que el joven se relaciona con la bebida, siempre puede estar la huella de un problema social, que no es otro que el de la degradación y la ausencia de contenido de lazos colectivos. Hay quien dice que podría ser el síntoma del deslizamiento de nuestra sociedad hacia el terreno del fracaso normativo del universo simbólico que debiera regirla, de la ausencia o carencia de una ideología vertebradora del conjunto social.

Alcohol y ocio: “BEBER” es salir. Se bebe cuando se sale y siempre que se sale se bebe. Por eso el consumo de alcohol se dá preferentemente en los fines de semana, durante el otoño, invierno y primavera, y todos los días del verano, y siempre en el contexto de la relación grupal. Hay quien opina que: Todo va relacionado, salir, beber, estar con los amigos.

Otros que la bebida es una “cosa instaurada”, un hecho social, que sirve para relacionarse en cualquier sitio, donde todo el mundo bebe, unos más y otros menos. Conclusiones que pudieran ser derivadas de los telefilmes americanos, donde cualquier relación ha de hacerse girando en la mano un vaso de licor.
Lo cierto es que ahora la forma de divertirse es la movida y en ella hay un masivo consumo de alcohol ¿Indica esto que todos los jóvenes se emborrachan o simplemente beben alcohol? Los datos de que se disponen reducen a menos de un 20% los que beben alcohol de manera alarmante, pero el porcentaje se incrementa en los que lo tienen como un hábito, aunque sin ingerir grandes cantidades.