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Asociación de Vecinos Manuel de Falla - La Laguna / Avda. Juan Carlos I s/n (esq. C/ Velázquez) - 11010 Cádiz - Tflno.: 956 200 146

 
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Cosas del barrio - Manuel de Falla y sus raíces

Positivo es los ciudadanos de cualquier lugar quieran conocer a su historia, porque es en ella donde radican sus señas de identidad y las razones de su tiempo. Con tal propósito, y al azar, voy a reabrir una , pagina de la historia de Cádiz que, confío interese a los vecinos de esta Asociación y, en general, a todos los lectores del barrio.

Se trata de 1.907, un año que hubo de ser muy significativo para la vida de la ciudad. Fíjense que se suceden, simultáneamente, dos importantes partidas: por un lado la de Manuel de Falla hacia Paris; y por otro la de Fermín Salvochea (el gran revolucionario) ,que falleció a los 65 años en la gaditana plaza de Argüelles. La primera partida no fue tan lamentable como la segunda, y ello debido a que Falla salió de aquí, con 31 años de edad, en busca, absolutamente legitima, de nuevas perspectivas para su música y , en definitiva para la música española contemporánea.

Precisamente fue en París donde Falla se dejó influenciar de la estética impresionista (Debussy, Dukas, etc, como moda imperante en aquellos años, y en esto quiero hacer hincapié sabiendo armonizarla con su temperamento de honda raiz ibérica y, en particular, con el folklore andaluz del que le atraían poderosamente sus incisivos y mórbidos ritmos y sus especiales inflexiones melódicas. Es más, pienso que dicha atracción respondía no sólo a un matiz de apreciación técnica sino también a otro de carácter sentimental, pues dicho folklore como todo el mundo sabe siempre a reflejado la forma de vida del pueblo andaluz.

En julio de 1925 y en una revista parisina, dijo Manuel de Falla: "Yo creo en una bella utilidad de la música desde un punto de vista social. Es necesario no hacerla de manera egoísta, para si, sino para los demás.... Sí, trabajar para el público sin hacerle concesiones: he aquí el problema . Esto es para mí una preocupación constante. Es necesario ser digno del ideal que se lleva dentro y expresarlo, estrujándose: es una sustancia a extraer, y algunas veces con un trabajo enorme, con sufrimiento...."

¿Cuál era el punto de vista social del músico? ¿A que se refería cuando hablaba del ideal que se lleva dentro? Si hacemos un breve recorrido por las obras que compuso entre 1.905 y 1.925, en ellas se trasluce ese carácter social y ese ideal de su pensamiento. Veamos para empezar, “La vida es breve”: en los dos actos de este drama lírico, basado en un libreto del poeta gaditano Carlos Fernández Shaw, queda reflejado como una condición social puede mediar y entorpecer las relaciones entre dos seres que se aman. Dicha diferencia social impide que la gitana Salud sea amada por su bienamado Paco. Una vea más la injusticia queda a flote y el amor se trueca en tragedia: Paco, tras abandonar a la gitana Salud, se casa con Carmela, que conserva una posición social elevada como la suya. El ambiente de esta obra es sumamente popular: coros de gitanas, cantes por seguiriyas, danzas, fraguas, etc.

A los dos años de estrenarse “La Vida Breve”, en 1.915, Manuel de Falla (a quien Lorca llamó: “Lira cordial de plata refulgente / de duro acento y nervio destacado”) compuso y ejecutó en Madrid “El Amor Brujo². Nuevamente aparecen determinados símbolos que dan carácter a la obra: el amor, la seducción, la maldad, los celos y todo ello en el marco inefable del pueblo gitano. Parece como si el maestro hubiese querido rendir homenaje al pueblo que, saliendo de Oriente tuvo que emigrar durante varios siglos soportando persecuciones, privaciones y brutal discriminación.

Por encargo del gran creador de ballet rusos, Serge Diaghilev, Falla, basándose en la novela de PedroA. De Alarcón, hizo su obra “El Sombrero de Tres Picos”, que se estrenó en Londres en Julio de 1,919 con decorados de Picasso. El argumento, en tono satírico, cuenta la historia del corregidor de una pequeña ciudad española que se fijó en la bella mujer de molinero Tío Lucas, el cual, para facilitar la carrera de su sobrina, no tiene escrúpulos en hacer la vista gorda sobre el asunto. No obstante, ella ve el engaño y, tras rechazar al corregidor, corre en busca de su marido. En el resto de la obra aparecen escenas muy típicas fundamentadas en una serie de malentendidos y circunstancias adversas para algunos de sus personajes.

“Noches en los Jardines de España”, para piano y orquesta (por cierto estrenada al piano por José Cubiles, gaditano también), no pretende se una partitura descriptiva, sino expresiva y evocadora de determinados paisajes, ambientres y sentimientos, no sólo de rumores de fiestas y danzas cuanto de experiencias dolorosas y misteriosas.

Finalmente, la ópera “El retablo de Maese Pedro” tiene por base un conocido episodio de la segunda parte del “Quijote”, se desarrolla en el corral de una venta de la Mancha, donde un titiritero ha levantado su teatrillo para representar la liberación de Melisendra, esposa de don Gaiferos, que estaba prisionera del rey moro Marsilio en un castillo de Zaragoza.

Así pues, en todas estas obras se advierte la raiz social de la música del maestro Falla, su ideal traslúcido como el propio espíritu del andaluz llano. Salud, su tío Salvador, la hermosa mujer del molinero, el titiritero burlón, los espectadores de turno, las gitanas, los hombres de fragua, etc., son gente del pueblo, gente sencilla que ama, sufre y padece la explotación de unos pocos y el despotismo de los corregidores. Una vez ya escribí sobre todo esto y ahora lo repito: Falla quiso y supo captar el sentimiento de su pueblo, pueblo andaluz, y hasta la evocación de los paisajes andaluces quiso plasmar el dolor y la agonía de unas tierras divididas y mal repartidas. Aquellos eran otros tiempos, otros tiempos. ¿Y los de hoy, qué tiempos son?.